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Caños
Santos y Alcalá del Valle:
Pasado y presente de una devoción
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En esta sección iremos
recopilando toda la información que llegue a nuestras manos sobre
el
Monasterio de Caños Santos: artículos, fotografías, noticias, etc. Si
tienes algo que aportar,
puedes
hacérnoslo llegar por e-mail:
editorial@laserrania.org
© Francisco Siles
Guerrero y Juan Antonio del Río Cabrera
Publicado en los
números 16 y 17 de la revista
LA SERRANÍA
(año 2002)
El
majestuoso convento de la Natividad de Nuestra Señora de los Caños
Santos fue fundado en 1.543 y tuvo durante siglos un ámbito devocional
similar al que hoy tiene el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios,
acumuló numerosas propiedades en las poblaciones de su radio de
influencia y su comunidad llegó a ser de 59 religiosos, según el
Catastro de Ensenada. Como Los Remedios o El Juncal, un convento de
carmelitas de menor importancia, también está situado en desierto, en un
sitio solitario y paradisíaco, en los confines del término olvereño con
los de Alcalá del Valle y Cañete la Real, aunque mucho más próximo a
Alcalá, y en los límites de las diócesis de Sevilla y Málaga, e incluso
de dos reinos, el hispalense y el granadino.
Esta importancia de los límites no es una mera
coincidencia, porque sus respectivas fundaciones tienen que ver con los
conflictos de términos y la política de repoblación en la frontera tras
la toma de Granada. Esta zona se mantiene en situación fronteriza
durante tres siglos. Morón de la Frontera, la mayor localidad cercana,
es conquistada por Fernando III en 1.240, Olvera por Alfonso XI en 1.327
y Setenil, situada a unos diez kilómetros de Olvera, cae en manos de los
Reyes Católicos en 1.484, el momento histórico en el que surge la actual
población de Alcalá del Valle. Sin contar además con su cercanía a una
de las comarcas de las que se expulsó a los moriscos, la sierra de
Villaluenga, hoy de Grazalema.
La desmembración
de la devoción a Caños Santos ha llevado a que, actualmente, sea sólo
patrona de Cañete la Real (Málaga), mientras que el edificio del
convento sigue estando situado en el término de Olvera y su propietario
es el Ayuntamiento de Alcalá del Valle. Esta desarticulación de los
principales elementos de la devoción a la Virgen de Caños Santos ha
llevado a que los tres libros publicados sobre Caños Santos hayan sido
escritos por personas originarias precisamente de estos tres pueblos,
depositarios de los principales elementos devocionales disgregados.
Nosotros
hemos comenzado a investigar tomando como unidad de referencia los
ámbitos de dos devociones que
creemos muy relacionadas tanto en su
radio devocional como en su continuidad histórica, las de Caños Santos y
Los Remedios, y nos apoyamos en la documentación original, que nadie
había tenido en cuenta hasta el momento,
procedente de los
mismos fondos conventuales, depositados en el Archivo Histórico
Nacional, y en otros muchos inéditos que están dispersos por otros
archivos. A la reciente creación de un grupo de investigación
multidisciplinar sobre esta temática añadimos la publicación de algunos
artículos nuestros, el primero de ellos en el Diario de Cádiz,
la preparación de un libro y la presentación de una ponencia a las
Terceras Jornadas de Religiosidad Popular, de ámbito nacional y
celebradas en Almería.
Con la documentación
manejada, y trabajando a partir de hipótesis que ya hemos expuesto en
parte aquí, podemos adelantar un esquema incompleto, aunque contrastado,
sobre la sucesión devocional entre Caños Santos y Los Remedios, sus
principales condicionantes históricos y geográficos y algunas de las
manifestaciones antropológicas a las que dio lugar.
La leyenda fundacional
del convento de Caños Santos es, desde la perspectiva etnológica,
obviamente muy parecida a las de otros santuarios destacados y está
relacionada con los acontecimientos fronterizos. Parte de una supuesta
población muy antigua que, en tiempos de los godos, era ya sólo una
pequeña villa:
“Y como
reinase el Rei don Rodrigo, i los pecados de los hombres se aumentasen,
permitió Dios (cuio son inerustables) que toda España pasase al dominio
de los árabes, gente infiell, bárbara. Los cuales, mediante el auxilio
del conde don Julián, padre que fue de la Cava, i lo que más la
permisión divina en castigo de los pecados de aquel siglo pasaron de las
arabias a España, por el sitio del Estrecho de Gibraltar y por las
Algeciras grandísimos ejercitos y numerosas copias.
Los cuales se
fueron apoderando de todas las ciudades villas y lugares, sin que
hubiera quien les hiciera resistencia. Y como ha sido costumbre antigua
y propiedad de los hombres, en todas edades, en sobreviniendo alguna
calamidad y por ella haber de dejar (aunque por fuerza) sus camas
y tierras, llevar consigo lo más precioso, unos sus dioses, otros sus
riquezas. Pues con recelo y temor de que las santas imágenes viniesen a
poder de los infieles, que no les diesen la reverencia y culto devido,
llegase la fama de la crueldad con hombres y templos a esta población,
imitando a las Hieremías que tomó el altar que había hecho Moisés
en el desierto, las Tablas de la Ley y el Altar de Oro del Santa
Santorun y lo llevó al Monte luego de los Moavitas, y todo lo entró en
una cueva cerrándola por fuera, y nos tomaron la Santa Imagen de la
Concesión de la Virgen María Nuestra Señora, su mayor tesoro. Y por ser
grande (es la imagen de cerca de dos baras) y no poderle dar mejor
acogida, la entraron en una cueva o caño hecho a pico, la cual tiene de
alto cerca de tres baras y de ancho mas de bara y media, y de largo más
de 40 baras, en la cual allá dentro casi al fin hicieron un nicho de dos
baras y media de alto y de ancho bara y media, donde colocaron dicha
Santísima Imagen, cerrando la puerta con piedra y mezcla, dejando a
la divina voluntad su descubrimiento y aparición.
En esta forma estuvo la Santa
Imagen oculta todo el tiempo que a España la ocuparon los moros, los
cuales pasaron y la Divina Majestad movida de su misericordia permitió
fuese recuperada y vuelta esta tierra a poder de cristianos. Y por haber
pasado el tiempo referido había criado diversas malezas de zarzas,
espinos y árboles silvestres dicho sitio. A cuya causa ya era una breña,
por fama de lo dicho, y sólo capaz de que en ella se apacentasen,
como ahora lo hacen, en los campos de tarifa grandes revaños de vacas,
entre los cuales se apacentaba uno, en este hecho, cuyo baquero era
Tello Pascual, hombre de buena vida, muy temeroso de Dios, y devoto
sumamente de Virgen María Nuestra Señora: Y a quien tuvo por bien Su
Majestad de manifestársele. El caso, como sucedió, fue en esta forma,
como es fama común y se traslada de un libro muy antiguo que hay en este
convento. ‘Dicho sitio es una eminencia rodeada de dicha breña y
en aquel tiempo, así por la altura como por salir copia de agua de el
dicho caño, donde había estado oculta Nuestra Señora, había grande
abundancia de zarzas, espinos, juncia y carrizos, todo originado así de
su poco hato como de la referida fuente. Y entre las vacas que dicho
Tello Pascual guardaba había una que iba llevada de la soledad del sitio
o de la frescura acostumbrada [a] ocultarse desde un día hasta otro sin
saber dónde. Echándola [de] menos Tello Pascual y notando que lo hacía
en aquella parte, tuvo cuidado y viéndola subir la montaña fuela
siguiendo y desembarazando el camino ya de espinos, ya de espesas
zarzas, que le defendían. Llegó donde la vaca estaba y donde hayó un
pradito incultamente aderezado. Comenzó a registrar dicho sitio, ya unas
partes, ya otras, cuando queriendo averiguar el nacimiento de agua
reparó salía del cimiento de una pared labrada por humana industria.
Esto le causó más curiosidad. Considerando que aquella fábrica,
aunque pequeña, no fue hecha acaso, llegó últimamente a dicha pared. Y
andándola examinando, reparó que por su antigüedad ya por algunas partes
había el tiempo hecho su oficio. Y derrivado algunas pequeñas toascas,
por curiosos espacios llegándose a mirar la que había dentro vio alguna
claridad, la cual le encendió el deseo de satisfacerla. Y para hacerlo,
hechando mano al puñal (que, como ganadero), traía pendiente, fue poco a
poco haciendo lo que eran pequeños resquicios, entrada franca. Fue
entrando. Y en el referido nicho halló (¡ó, alto Dios!) una
imagen de Nuestra Señora, tan resplandeciente que bien daba a entender
quien era el original. Hallola cercada de un resplandor casi como el que
goza en el cielo. Falto se hallaba de consejo el devoto agreste en
respeto y turbación, sin saberse determinar; mas últimamente resolvió ir
a la villa de Olvera (en cuya jurisdicción está este Convento) y
dar cuenta al clero venerable y a todo el cavildo secular. La
resolución, que por último tomaron fue, llevar la santa imagen a su
villa e iglesia y colocarla donde les pareció mas decente’.
Fama común es que
por tres veces llevaron y otras tantas se volvió la santa imagen a su
antigua estancia, de cuya acción conocieron o se persuadieron los
vecinos con el clero, gustaba Su Magestad de este sitio y por villa le
labraron una pequeña hermita donde la colocaron y estuvo en poder
de hermitaños seglares treinta años más o menos, obrando muchos
portentosos milagros (de los cuáles se hará mención adelante) con los
fieles que, a la fama de imagen nuevamente aparecida, visitaban su
hermita, a cuya causa las limosnas eran copiosas y el concurso
mucho” (Flores Sagrario, 1919).
Se
repiten en esta narración elementos muy comunes a otras leyendas de
hallazgos de esta época y otras posteriores. Así, el descubrimiento
casual provocado por un animal domesticado, la vaca, que aparece además
como imagen primordial en la iconografía posterior de Caños Santos, en
un terreno inculto y fértil, con abundancia de agua, cuyos caños dan en
este caso incluso el nombre a la Virgen, y mediante un personaje humilde
y sin ningún prestigio social, un pastor.
Otros elementos
adicionales, también comunes a algunas leyendas de este tipo, son la
aureola de la Virgen, que resalta el carácter milagroso de su aparición,
y no es una paradoja en contraste con la casualidad aparente del
hallazgo, el recurso del pastor a las máximas autoridades de la
población en la que encuentra la imagen y la insistencia, por tres
veces, de la Virgen, ya completamente personalizada, en permanecer en el
sitio escogido por ella para que la encontraran y no aceptar su
traslado.
En cambio, son menos
frecuentes aunque ni mucho menos únicos, los elementos de esta leyenda
que aluden a los musulmanes y a la causa legendaria de su conquista de
la Península, la violación de La Cava por don Rodrigo. Aunque no lo
aparente, hay que considerar esta referencia como un revulsivo contra un
pasado ya lejano, porque la estructura y el vocabulario de la narración
no corresponden de ninguna forma al siglo XVI, sino al menos al XVIII.
Tampoco es una paradoja, porque es muy frecuente en leyendas de
apariciones, que la ilación ordenada de los supuestos acontecimientos se
haga con mucha posterioridad y sobre todo, obviamente, en los grandes
santuarios, que manipulan así su historia legendaria.
Se desconoce la fecha
de fundación de la ermita de Caños Santos, pero posiblemente tenga que
ver con los procesos de repoblación que acompañaron a la caída de la
frontera a finales del siglo XV y principios del XVI. En 1.543 la
devoción ya debía ser lo suficiente- mente fuerte para que Juan Téllez
Girón, conde de Ureña y padre del primer duque de Osuna, harto del
despilfarro de las limosnas por los ermitaños, cediera la ermita a los
franciscanos terceros, que comenzaron inmediatamente a erigir el
convento.
Ya hemos descrito
brevemente la importancia que llegó a tener en las comarcas
circundantes, tanto devocional como artística y económica el convento de
Caños Santos, pero podemos añadir otros hechos. Sus frailes fundan otros
conventos, es a la vez noviciado, y llega a entrar en conflicto con la
gran comunidad de su misma orden de Los Remedios de Antequera, por los
límites del distrito en los que habían de desarrollar su actividad
mendicante.
Posteriormente, ya a
finales del siglo XVIII, decae la devoción y se producen las
circunstancias históricas por las que se desmiembra la devoción a Caños
Santos en los principales elementos ya señalados. Simultáneamente, se da
un fenómeno bastante más peculiar, la constitución de una devoción
sucesoria en el mismo término municipal, el de Olvera, y para un ámbito
de influencia similar al de Caños Santos, que ha tenido su gran auge en
las últimas décadas del siglo XX.
El santuario de
Nuestra Señora de los Remedios, situado a dos kilómetros de Olvera,
ronda en los últimos años las 300.000 visitas anuales y su titular es
una de las escasísimas Vírgenes gaditanas coronadas canónicamente,
concretamente en 1.966. Se trata, por lo tanto, de una de las
advocaciones andaluzas con mayor arraigo devocional. El santuario tiene
ámbito supracomarcal y a él acuden creyentes de poblaciones cada vez más
alejadas, que proceden sobre todo de las Sierras de Cádiz, Sevilla y
Málaga y depositan en él numerosos exvotos, que han sido estudiados en
profundidad por el antropólogo Rodríguez Becerra. Aunque el
estadounidense William Christian, gran especialista en religiosidad
popular, ha señalado su importancia, no incluye a la Virgen de los
Remedios en la sucesión de imágenes devocionales; pero parece evidente
que esta Virgen sucede a la de Caños Santos, una antigua advocación muy
popular en un ámbito que casi se solapa con el de la Virgen de los
Remedios hasta principios del siglo XIX, cuando es trasladada a Cañete
la Real (Málaga). Tampoco hacen referencia a ello los tres libros que se
han escrito sobre el Monasterio de Caños Santos, los artículos que
existen sobre la ermita de Los Remedios.
La Virgen de los
Remedios comienza a ser una advocación de gran peso en Olvera a partir
de 1.715, año en el que se le atribuye su intervención milagrosa en una
sequía que asolaba a la población. El concejo hace un voto solemne,
apócrifo, que da lugar a la romería del Lunes de Quasimodo, que aún se
mantiene con mucha fuerza en la comarca de Olvera.
Nadie ha
estudiado esta sucesión hasta el momento. Aún peor, no existe ninguna
publicación, y hay bastantes sobre estos santuarios, que aluda siquiera
a ella y la opinión habitual considera a las antiguas cofradías
olvereñas de la Vera Cruz y Los Remedios separadas entre sí,
desconociendo incluso la existencia de la Hermandad de la Virgen de
Caños Santos, cuando ésta era la matriz de las otras dos. Así,
transcribimos de un documento del Archivo Histórico Nacional:
“En la
villa de Olvera, domingo día primero de Pasqua d’Espíritu Santo, siete
de junio de mill e seisçientos e quinze años, estando los hermanos de la
Santa Cofradía de Nuestra Señora de Caños Santos, ques la misma
cofradía de la Santa Beracruz y Nuestra Señora de los Remedios desta
dicha villa...las quales están agregadas y son una debaxo del título y
abogaçión de la Santíssima Virgen de los Caños Santos” .
Posteriormente
también hemos constatado que la Cofradía de la Vera Cruz de Pruna
peregrinaba al santuario de Nuestra Señora de Caños Santos.
Quizás también la
Hermandad de la Vera Cruz de Alcalá del Valle estuviera relacionada con
la peregrinación anual al monasterio, al no existir, que conozcamos, una
hermandad con la denominación exclusiva de Caños Santos en Alcalá, al
contrario de lo que ocurre en Cañete, donde nos encontramos con las dos.
De parecida forma, se
mantiene que la primitiva ermita de Los Remedios no guardaba relación,
salvo de competencia, con el convento de Caños Santos, y que ambos
enclaves religiosos tienen orígenes independientes, aunque muy
probablemente la realidad histórica es muy distinta, porque ambos
coexistieron durante siglos, hasta que Los Remedios, que era como una
“filial”, va creciendo y se hace con todo el potencial devocional
(velas, devotos, dádivas, etc.) de Caños Santos para la población de
Olvera.
Después, va incluyendo
las restantes poblaciones de su ámbito, incluso Cañete, que cuenta con
una imagen de la Virgen de los Remedios, aunque su patrona es
precisamente la Virgen de Caños Santos. Probablemente el éxito de la
devoción a Los Remedios surgiera del apoyo de las capas más humildes de
Olvera en el Antiguo Régimen a un santuario que se concebía como más
propio, por estar situado en un territorio cinco veces más próximo,
mucho más accesible, con otro manantial anejo y asistido por un número
reducido de pobres ermitaños. En contraste con el riquísimo convento de
Caños Santos, con sus escudos heráldicos, el patronazgo de un duque, la
profusión de cofradías de distintas poblaciones, más identificadas con
los grupos privilegiados, y su culto clero.
Pero, contra
esta extendida opinión, no nos parece una coincidencia que fray Martín
de la Cruz, al que el conde de Ureña encomienda la fundación del
convento de Caños Santos, fuera el promotor del patronazgo de la Virgen
de los Remedios en Antequera en fechas muy próximas, y que no se conozca
la fecha de la fundación de la ermita de Los Remedios en Olvera, que
debió ser muy cercana a la del cenobio de Caños Santos.
Respecto
a la desmembración de la devoción a la Virgen de Caños Santos, aún no
podemos establecer con precisión todo el proceso, pero ya podemos
adelantar un esquema provisional de su desarrollo, que está ligado a la
ascensión y caída de la mayor casa señorial de España durante el Antiguo
Régimen, la de Osuna, y culmina con la desamortización de Mendizábal.
Como muestran
otros documentos del Archivo Histórico Nacional, la romería y procesión
que Alcalá del Valle celebra cada primero de mayo se remonta al menos a
finales del siglo XVII. En un escrito de los religiosos de Caños Santos,
fechado en 1681, se menciona que los frailes salían en esa fecha, día de
los santos apóstoles Felipe y Santiago, “a reçevir a la parroquia de
la villa de Alcalá del Valle, que viene este día en proçessión de
letanías a este dicho convento, a zelebrar fiesta a Nuestra Señora de
Caños Santos…”.
El documento se
refiere a una queja que elevaron los frailes al obispo de Málaga, pues
consideraban abusivo tener que salir a recibir a los alcalareños con
cruz alta y ciriales más de doscientos pasos fuera de la iglesia. El
obispo censuró tal exceso y ordenó que en adelante los religiosos debían
recibir a los parroquianos de Alcalá saliendo sólo hasta la puerta de la
iglesia, vestidos con la capa pluvial, con la cruz alta y ciriales. Como
es frecuente en Historia, gracias a un hecho anecdótico tenemos noticia
de la procesión a Caños Santos en unas fechas tan lejanas.
Sin embargo,
es indudable que la tradición viene de más antiguo, pues este mismo
documento ya refleja que estaba asentada y se celebraba anualmente. Para
ratificarnos en ello, en otro de 1762 se hace referencia a que la villa
de Alcalá “de tiempo immemorial tiene hecho voto, y su vezindario, de
hazer prosesión de penitencia, y con ella ir y ofrecer cultos y dar
gracias a María Santísima con el título de Caños Santos a su Santo
Decierto y convento, cituado en el término de Vallehermoso, el día
primero del presente mes [de mayo],
annualmente”.
Pero, ¿a qué fecha
concreta se refiere ese “tiempo immemorial”? Para hallar una respuesta
satisfactoria, hemos de partir de la hipótesis de que no creemos que
ésta fuera la original. De hecho, en un principio, todas las cofradías
de los pueblos próximos al convento participaban en “la celebraçión
de la fiesta de Nuestra Señora de Caños Santos”, que se hacía “el
día de la Natividad [de la Virgen], a ocho de septiembre”.
Así consta en el documento de 1615, donde se dice que el concejo de
Olvera tenía el derecho de patronazgo en la celebración de la fiesta,
por haber sido fundado el convento en dicha villa. El escrito menciona
que originariamente la procesión y fiesta se llevaban a cabo a expensas
del concejo de Olvera, como patrón. Posteriormente, se fueron fundando
otras cofradías en los pueblos comarcanos “por dar lugar a la a la
deboçión de los fieles cristianos”, a las que se incluyó en la
procesión, cediendo en parte sus derechos la cofradía matriz de Olvera.
La procesión se
desarrollaba de esta forma: primeramente, el cabildo de Olvera sacaba la
Virgen desde el altar mayor, por toda la iglesia, hasta el poste de los
portales que estaba frente a la puerta de la misma; allí, los cofrades
de Olvera recibían la imagen, que era llevada en procesión, “y
después della, por su antigüedad, van entrando y subçediéndose las demás
cofradías, hasta bolver con la proçeçión a la puerta de la yglezia”,
donde el cabildo olvereño la volvía a tomar para devolverla al altar
mayor.
Ésta fue la fórmula
que se usó hasta 1615. Sin embargo, en ese año “por algunas causas
(sic)”, los frailes pidieron al concejo de Olvera que la Virgen, a la
vuelta de la procesión, fuera llevada hasta el altar mayor por cuatro
religiosos, a lo que el cabildo olvereño accedió. Vemos en este cambio
un primer intento por parte de las cofradías filiales de procurarse un
mayor protagonismo en la procesión y restar a la hermandad matriz de
Olvera parte de sus privilegios.
Las causas a las que
hace alusión el documento quizás se refieran a las presiones hacia los
religiosos del convento por parte de las otras hermandades para efectuar
un ligero cambio en la procesión, sin una aparente importancia, pero que
constituye el comienzo de la rebelión de las hermandades filiales contra
su matriz, buscando sin duda un mayor protagonismo.
Según constatan
varios documentos de 1681, aparte de la cofradía de Olvera existían las
de Alcalá, Cañete, Pruna y Setenil. Sin embargo, ya por estas fechas, se
menciona en la documentación que Alcalá celebraba su procesión y fiesta
el 1 de mayo, Pruna el día de la Invención de la Cruz (3 de mayo) y
Cañete “el domingo después del día octavo de la Natividad de Nuestra
Señora”. Como observamos, en 1615 se celebraba una procesión única
de todas las hermandades en el convento de Caños Santos el 8 de
septiembre; sin embargo, ya en 1681, tres de ellas –Alcalá, Cañete y
Pruna– organizan su procesión en fechas distintas una de otra.
¿Qué ha pasado en este
intervalo de tiempo? Nuestra hipótesis es que el patronazgo exclusivo de
la Hermandad de Caños Santos de Olvera pronto sería discutido por las
restantes hermandades, y debió haber un conflicto que estallaría entre
1615 y 1681, en un momento no determinado, cuyas últimas causas
desconocemos pero que podría tener su raíz en las constantes pugnas por
los límites entre términos, y que provocó la situación que encontramos
en este último año: cada hermandad y pueblo celebra en una fecha
distinta en el convento la fiesta en honor de Nuestra Señora de Caños
Santos. Otras noticias posteriores, que por el momento no hemos podido
confirmar, referidas a los pueblos de Olvera, Setenil y Cañete, vienen a
refrendar esta hipótesis.
Resumiendo brevemente,
podemos decir que las distintas hermandades de Nuestra Señora de Caños
Santos celebraban en un principio una procesión anual en su honor, el
día de la Natividad, aunque los miembros de la hermandad primigenia de
Olvera disfrutaban del privilegio de llevarla a hombros. Sin embargo,
las demás hermandades no soportaron mucho tiempo esta situación y
discutieron el derecho de patronazgo; surgió un conflicto irresoluble
(o, más probablemente, varios) y cada una de las hermandades se vio
abocada, en última instancia, a celebrar en un día distinto su
procesión. Éste sería el caso de Alcalá, que desde entonces haría voto
de ir en procesión cada primero de mayo hasta el convento a rogar a
Nuestra Señora de Caños Santos.
Precisamente, parece
ser que esta costumbre no se pudo celebrar durante algunos años
anteriores a 1762 por “malos influxos y emulación que han inquietado
la armoniosa paz”. Nuevamente, en estos “malos influxos” no
podemos ver, por el momento, sino las seguras emulaciones de los
lugareños de otros pueblos de la comarca, que sin duda trataron de
organizar peregrinaciones similares en dicha fecha; con ello, una vez
más, el conflicto entre las distintas parroquias estaba servido.
Así, teniendo en
cuenta que Cañete tiene como patrona a la Virgen de Caños Santos pero no
peregrina desde hace siglos al convento, que Alcalá del Valle, que sí lo
hace, lleva a su patrona, la Virgen del Valle, y que Olvera ha impuesto
en estas comarcas una nueva advocación, la Virgen de los Remedios, una
devoción que era común a todos los pueblos de la zona termina siendo una
devoción que finalmente no pertenece a ninguno.

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